Anoche volvió Manolo García a Sevilla, después de 4 años de espera, de unos años en los que se tomó un descanso del mundo de las prisas y el ruido para, imagino, volver a buscar esa inspiración tan característica y única suya.
La tarde pasó rápida, el camino hasta el auditorio se hizo breve y conciso por el deseo de las cosas que estaban por llegar, a lo lejos nos esperaba un recinto en el que un par de horas después viviríamos un maravilloso concierto de manos de este cautivador artista que sabe contagiar a la gente con su energía posado sobre el coloreado escenario.
Tres cuartos de hora antes ya estábamos delante del escenario, fijándonos en los ribetes de tela que rodeaban el escenario y que cimbreaban por el roce del leve viento que hacía en aquellos momentos. Un escenario lleno de “cachibaches”, animales de plástico, ventiladores de colores, gatos chinos (a los que le darían cuerda minutos antes de comenzar el concierto) y una tela negra que cubría parcialmente el escenario servían para distraernos en los prolegómenos de la armonía musical que estaba por llegar.
Diez minutos más tarde de las 10 salió Manolo García y su banda al escenario y comenzó lo que serían casi tres horas de intensidad y de sonido 100% “manolero”
El músico barcelonés nos deleitó con muchos temas de su nuevo disco, como “Saldremos a la lluvia”, “No estés triste”, “Cierro la noche”, “Sabrás que andar es un sencillo vaivén”, también con clásicos de El Último de La Fila como “Insurrección” o “El Loco De La Calle” y canciones ya míticas en su repertorio como “Rosa De Alejandría”, “Prefiero El Trapecio”, “A San Fernando…”, “Somos Levedad”…
También hubo tiempo para la reflexión y la improvisación y Manolo acabó hablándonos de la hipoteca y de los yates del personal, no pude estar más de acuerdo con esa idea sencilla y detallista de vivir la vida.
Cuando la noche parecía que acababa y Manolo finalizaba con una ranchera (como a él le gusta), el público mostró sus ganas de escuchar “Pájaros de Barro” (no la había tocado) y ya estaban marchándose cuando Manolo levantó la mano allí al final del escenario para volver a llamar a sus compañeros y volvieron al escenario para complacer a un público entregado y feliz por haber sido complacido.
Un concierto de Manolo puede ser “cañero” en ocasiones, puede ser agradable al oído, armonioso, relajado, pero ante todo lo que hubo anoche en Sevilla fue una persona que vive la música muy dentro y que sabe exteriorizarla y contagiarnos a los demás.
Muchas gracias por volver a Sevilla Manolo, y hasta pronto.



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